2 de diciembre de 2009

El bufón


En el relato El cumpleaños de la Infanta, de vuestro admirado Oscar Wilde, se cuenta la tristísima historia del Enano enamorado de una caprichosa infantina. Al ver por primera vez su imagen reflejada en un espejo, es consciente de su fealdad y comprende que ella no había hecho otra cosa que reírse de él. Al descubrir esta cruel realidad, al Enano se le rompe el corazón, y por esta causa se muere.


A menudo, los reyes españoles (y los de muchos otros países) contaban entre sus cortesanos con bufones. Los bufones se caracterizaban por tener cualquier tipo de deformación física o de discapacidad intelectual más o menos llamativa. Vivían en palacio, y su trabajo básicamente consistía en divertir al rey y a su familia. En concreto, debían divertir a la familia real y a los cortesanos, haciendo ridiculeces para que se riesen de ellos. No destacaban por las virtudes que pudiesen tener, sino que de estos personajes se enfatizaban los defectos -físicos o mentales- para diversión ajena. No obstante, también hay que decir que tenían un trato preferente sobre los demás cortesanos (incluso cobraban más que los más importantes hombres de la corte). Además, gozaban de un privilegio que al resto de los hombres del rey le era negado: podían hablar con sinceridad, decir las verdades que el resto callaba por temor o adulación. El pintor Velázquez retrató a muchos de los bufones que tuvo el rey español Felipe IV; el de la imagen es el bufón don Sebastián, un enano, como el protagonista de nuestro relato.

¿Cómo se elegían los bufones? Lo cierto es que cuando en una familia nacía un niño con alguna malformación llamativa, si la noticia del nacimiento llegaba a oídos de los reyes, éstos lo reclamaban y solicitaban su presencia en palacio. ¿A qué se debía tanto interés? Como no era habitual que las personas tuviesen algunas anomalías físicas o intelectuales, eran considerados "raros", y todo lo raro, lo que es difícil de encontrar, en la mentalidad supersticiosa de aquellos tiempos era un indicio de buena suerte. Es decir, una persona con según qué discapacidad era algo así como hoy en día podría ser un trébol de cuatro hojas.


Después de la llegada del movimiento literario del Romanticismo (que ya os debería ir sonando de lecturas como Drácula, Frankenstein, La canción del pirata...), la figura del bufón es dignificada: deja de ser visto como un ser ridículo y pasa a ser tenido en cuenta como una persona, con sus pasiones y sentimientos. Uno de los bufones más interesantes de la historia es Rigoletto, el protagonista de la ópera del romántico Verdi: viéndose agraviado por el Duque de Mantua -su señor-, que seduce a su hija, promete venganza... Una venganza imposible, ya que el débil suele perder en su lucha con el poderoso...




El vídeo es el fragmento de Rigoletto donde el bufón promete vengarse. A continuación vienen otras de las escenas más conocidas de la ópera.

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