4 de junio de 2010

Los subgéneros dramáticos



De nuevo os remito al libro de texto y al esquema de la libreta para el estudio del género dramático o teatral. Os recordaré solamente que en los textos teatrales también debe haber una historia, debe suceder algo, debe haber acción. (Y cuando algo pasa, ese algo siempre le pasa a un protagonista, y en un lugar y un tiempo determinados). La diferencia con los textos narrativos es que en el texto teatral no hay narrador, los personajes hablan con su propia voz por medio de diálogos. Toda aquella información necesaria para la puesta en escena de la obra y para la comprensión de la misma por parte del lector-espectador, si no se deduce de las palabras de los personajes, se especifica en las acotaciones.

Los subgéneros teatrales son muchos, pero este curso sólo estudiamos los dos más antiguos y más importantes, la tragedia y la comedia. Las máscaras de la imagen representan, respectivamente, a una (la triste) y otra (la alegre), pues los actores, en la Antigüedad, actuaban con máscaras, y elegían unas u otras en función de si la obra que se representaba era trágica o cómica.

La tragedia es una obra de tema serio, elevado, en la que los personajes suelen ser gentes distinguidas (reyes, nobles...). La característica más destacada de la tragedia es que tiene un final desgraciado: el protagonista, o los protagonistas, fallecen sin poder hacer nada por evitarlo. (A esta característica se refiere la popular frase que dice: "Aquí muere hasta el apuntador"). La finalidad de la tragedia es conmover, impactar en el corazón del lector-espectador.

La comedia, por el contrario, trata temas más ligeros, y sus personajes no son gentes principales, sino personas corrientes. Muchas veces (no siempre) tiene apuntes humorísticos, y su final es siempre feliz. La finalidad de la comedia es entretener al lector-espectador.

Los dos subgéneros, en su origen, estaban muy claramente delimitados; sin embargo, como habéis comentado en clase, actualmente esto no es así: hay nuevos subgéneros y los subgéneros antiguos difuminan sus rasgos más característicos. Por eso muchas de las obras que habéis visto representadas no se adecuan totalmente a los rasgos puros de los subgéneros.

En el teatro español, la frontera entre tragedia y comedia nunca se respetó, como sí hicieron los autores de otras literaturas. Muy temprano (S. XV) se comienza a hablar de tragicomedia; y en la edad de oro del teatro español (S. XVII) se emplea solamente el término "comedia", aun refiriéndose a obras en las que los protagonistas mueren.

Sin embargo, los ingleses fueron más convencionales y gracias a ello podemos utilizar para ejemplificar los dos subgéneros sendas obras del genial dramaturgo William Shakespeare (S. XVII): Hamlet (tragedia) y Mucho ruido y pocas nueces (comedia). Comparemos el argumento de ambas para percibir la distinción:

A Hamlet, príncipe de Dinamarca, se le aparece una noche el fantasma de su padre muerto confesándole una dura noticia: su muerte no fue un accidente, sino una argucia de su mujer y su cuñado (los actuales reyes) para poder gozar con libertad de sus amores ilícitos. Tras esta confesión, el rey muerto le pide a su hijo venganza de tan cruel crimen. Hamlet se finge loco para poder llevar a cabo su venganza, y abandona a su novia Ofelia. Los reyes, fingiendo preocupación por la falsa locura de Hamlet, lo envían en un barco a Inglaterra haciéndole creer que hacía tal viaje en función de embajador, cuando realmente el viaje no era más que una excusa para matar al príncipe lejos del palacio. Sin embargo, unos piratas apresan el barco y Hamlet puede regresar a Dinamarca. Para asegurarse de que la confesión que oyó a su padre había sido real, contrató a unos actores para que representasen en la corte una historia exactamente igual a la del asesinato del rey muerto, y así poder él observar la reacción de su madre y del rey actual. Éste se marcha de la representación muy alterado. Poco más tarde Hamlet se reúne con su madre y el padre de Ofelia se esconde en el cuarto de la reina para poder escuchar la conversación: Hamlet, al notar que había alguien escondido tras una cortina y pensando que era el rey, lo mata. Inmediatamente después se suicida, ya totalmente enloquecida y desesperada, la joven Ofelia, arrojándose al río. El hermano de Ofelia, Laertes, reta a Hamlet a un duelo de espadas para vengar a su padre y a su hermana. El joven Laertes cuenta con la ayuda poco limpia del rey, que sugiere envenenar la punta de la espada para que Hamlet falleciese con un solo toque. Y, por si esa medida no surtiera efecto, el rey le ofrecería a Hamlet para refrescarse una copa de vino envenenada. Sin embargo, en el momento del duelo, la reina bebe accidentalmente esa copa. Laertes consigue herir a Hamlet con la espada, pero también se hiere a sí mismo y le confiesa al príncipe todo el ardid. Entonces, Hamlet toma la espada de Laertes y también hiere al rey y le obliga a beber de la copa envenenada.
Como podéis comprobar si echáis cuentas, en Hamlet muere hasta el apuntador.
Hay muchas manifestaciones artísticas inspiradas en la tragedia de Hamlet, desde la ópera de Ambroise Thomas, hasta varias versiones cinematográficas, pasando por la célebre pintura de Millais.
Ophelia, en la imaginación de Millais

Mucho ruido y pocas nueces es un ejemplo de comedia: aunque muchos de los personajes son de alta alcurnia, otros no; y sin embargo todos ellos caen en la dulce trampa del amor. Los enredos amorosos constituyen el meollo del argumento. La obra, por supuesto, termina en boda (múltiple). Un excelente versión de esta comedia la llevó al cine Kenneth Branagh, director que llevó a la gran pantalla multitud de obras de Shakespeare (también Hamlet, por cierto). Este es el tráiler:



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